Gamificación, ¿una metodología activa?. #gamification

Video-Game-Face-Guy-With-GlassesEntiendo que intentar definir la gamificación educativa es difícil, ya que no soy experto ni en gamificación educativa, ni en metodología educativa. A pesar de estas limitaciones de entrada me quiero arriesgar a lanzar está propuesta con la intención de lanzar la discusión en las redes y enriquecernos con la diversidad de opiniones. No pretendo sentar cátedra, pero hay demasiados aspectos dentro del corpus de la gamificación que chirrían.

Mi visión particular es que la gamificación o ludificación no puede ser una metodología activa, y voy a aportar una serie de evidencias, al menos, según mi punto de vista y mi experiencia como docente.

1º La gamificación educativa debe estar al servicio del currículo, y no al revés. Se constituye pues, como una forma de organizar la clase en la que se utiliza el andamiaje de un juego, sin llegar a convertirse en juego. Así la gamificación educativa sirve para dar una historia, una temática, un plus de motivación al currículum, pero es la metodología (activa o no) y el proceso de evaluación, quién decide que, como, para que y cuando se plasma ese currículum en el aula.

2º Si atendemos a la definición de metodología docente

el método docente como un conjunto de decisiones sobre los procedimientos a emprender y sobre los recursos a utilizar en las diferentes fases de un plan de acción que, organizados y secuenciados coherentemente con los objetivos pretendidos en cada uno de los momentos del proceso, nos permiten dar una respuesta a la finalidad última de la tarea educativa.

Modalidades de enseñanza centradas en el desarrollo de las competencias. Mario de Míguel Díaz (Dir.)

Según esta definición me surge una pregunta. Si la metodología docente es básicamente un conjunto de decisiones sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje ¿en qué momento el alumnado toma decisiones sobre ese proceso dentro de la gamificación educativa?, ya que si además entendemos que es una metodología activa el rol del alumnado debería ser activo y tomar parte en este proceso. Cosa que por experiencia propia y ajena, puedo asegurar que el desarrollo de los proyectos de gamificación se hace, sin tener en cuenta la opinión del alumnado, y aunque esta se tuviera en cuenta, ¿eso supondría cambiar o eliminar los exámenes, los dossieres, o más bien lo único que se haría sería darles una valoración en puntos, experiencia o vidas? ¿o acaso no es posible combinar la metodología más tradicional y expositiva con la gamificación educativa?.

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3º Si la gamificación es una metodología activa debe cumplir, como mínimo, cuatro aspectos:

  • ¿Cómo y qué objetivos, contenidos, criterios y estándares de evaluación se trabajan?.
  • El rol del docente como guía, coach y facilitador del aprendizaje.
  • El rol del alumnado como agente activo de su aprendizaje en aspectos como su evaluación, la responsabilidad de su trabajo y de los productos, retos, problemas.. que se planteen.
  • Una evaluación formativa, que aporte feedback al alumnado, así como una evaluación responsable en la que tome parte el alumnado y que sirva como orientador de su proceso de aprendizaje.

¿Puede cualquier proyecto de gamificación decidir los objetivos, contenidos, criterios y estándares para definir un producto final o una solución  a un reto, que sirva como elemento tangible del proceso de aprendizaje y que aporte un resultado? ¿Simplemente porque existan “retos” dentro de un proyecto de gamificación, eso lo convierte en una metodología activa?.  ¿O en realidad estamos hablando de docentes que trabajan con metodologías activas y que se ayudan de la gamificación para aportar una mayor motivación al aprendizaje?.

Otra cuestión no menos importante es el tema del rol alumnado-docente. ¿De verdad creemos que solo por el hecho de gamificar estamos empoderando a nuestro alumnado?, ¿o es más probable que cambiemos el rol por trabajar por proyectos o mediante Aprendizaje Cooperativo?. Si empoderar al alumnado y cambiar el rol docente-alumnado es convertirlo en el Amo del Calabozo del nivel 5. Lo siento mucho, la gamificación no sirve para eso, si no es dirigida por un trabajo mucho más serio y minucioso, amparado por el Aprendizaje basado en Proyectos, Problemas, Retos, Investigación o Aprendizaje Cooperativo.

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Mi última cuestión es la evaluación. La evaluación es un proceso esencial, y la gamificación lo frivoliza. ¿Podemos gamificar una rúbrica de evaluación? Si, lo podemos hacer cambiando el nombre de los criterios de desempeño podemos poner Caballero en vez de Bien, o Máster en vez de Excelente, ¿pero este simple hecho convierte a la gamificación en una metodología activa?. Podemos también asignar puntos de experiencia a los puntos del examen, de la tarea, o a los de un portafolio, pero eso no transforma a la gamificación.

Por muchos Kahoot, Socrative o cualquier otra aplicación que queramos usar, no podemos negar el hecho de que estas aplicaciones son exámenes camuflados de juego, y que esto no convierte a nuestra práctica educativa en una metodología activa, al igual que el usarlas en clase no implica que estemos gamificando.

 

Cambia tu aula, para cambiar el mundo. Una charla en Magisterio.

Me encanta subir a Magisterio. Es una oportunidad que todos los años me brindan dos compañeros: Soledad de la Blanca y Álvaro Pérez, a pesar de que este año no hemos podido trabajar conjuntamente la tarea integrada que su alumnado evalúa a mis grupos de la ESO.

Durante varios años me había prestado al privilegio de poder hablar con futuros docentes, si bien no de Secundaria. Siempre hablaba de mis experiencias, de las tareas integradas que trabajaba, pero había algo que faltaba, lo que contaba no podía ser creíble. De modo que este año decidí cambiar el formato y hablé con mi alumnado, escogí a un grupo variopinto: alumnado con alto rendimiento y actitud negativa, alumnado repetidor, alumnado nuevo en el centro, alumnado que comenzó muy mal y ha ido mejorando, así como alumnado de gran rendimiento. Quería contar con la presencia de un alumno, que suspendió para dar una visión lo más real posible, pero al final ese alumno no quiso colaborar.


¿Qué os puedo decir? Para mi fue una experiencia genial. No solo por la reacción de mi alumnado y su sinceridad, por ejemplo, comentaron que no les gusta que yo haga los agrupamientos, o como algunas veces tienen que trabajar con compañeros parásitos; o el que tenga tan en cuenta la actitud en la calificación.

La experiencia fue genial por el apoyo que sentí de mi alumnado y como los futuros maestros/as aprovecharon para hacer preguntas incisivas. Preguntaron si otros compañeros trabajaban así, o si siempre me había apoyado el equipo directivo, al igual que incidieron en el hecho de como veían los padres y madres el que yo trabajara de ese modo.

Me sentí muy orgulloso de mi alumnado y fue una charla realmente bidireccional, en la que todo el mundo pudo aportar su pregunta, su granito de arena.

Sin dudarlo será una experiencia que repetiré, porque creo que el mensaje que quería lanzar quedó claro. Puede que no podamos cambiar el sistema educativo, ni nuestro centro, pero tenemos una enorme responsabilidad y podemos cambiar nuestra aula, para que poco a poco podamos cambiar el mundo. Como docentes no podemos obviar que por nuestras manos pasan y pasaran miles de personas. La pregunta es: ¿Qué queremos que se lleven de nosotros?.